Economia De Redes

CAPITULO 1. ECONOMIA DE REDES

En el presente capítulo se realizará una revisión de los principales componentes de la literatura sobre monopolios e intervención del estado. Se empezará analizando las características de la competencia perfecta y las fallas de mercado, finalmente, se revisarán los mecanismos de intervención del estado mediante regulación.

1.1. Regulación del mercado de las telecomunicaciones

El marco conceptual para el análisis de la regulación de las telecomunicaciones es el de una industria multiservicios con segmentos de monopolio natural. Es decir, el de una industria en la cual la provisión de un grupo de servicios es menos costosa si se producen en una misma empresa que en un grupo de empresas distintas. La existencia de economías de escala y de economías de alcance son las usuales explicaciones de esta característica de los monopolios naturales.

La existencia de economías de escala en los monopolios naturales determina la existencia de disyuntivas en este tipo de industria. De un lado, dado un nivel de esfuerzo en la reducción de costos, es eficiente que una misma empresa sea la proveedora de los distintos servicios porque de esta manera los costos son minimizados al aprovecharse las economías de escala. De otro lado la producción monopólica de los servicios es consistente con la creación de poder de mercado en la industria, lo que constituye una fuente para la existencia de ineficiencias en la asignación y un nivel sub-óptimo de esfuerzo en la reducción de costos, provisión de calidad e innovación tecnológica.

La solución a los problemas que presenta la existencia de monopolios naturales implica la implementación paralela de dos tipos de políticas: (i) regulación de precios y, (ii) regulación de la entrada a la industria. A través de esta última, la regulación busca minimizar los costos de producción (eficiencia productiva), y a través de la regulación de precios minimizar las desviaciones de los precios con respecto a los costos (eficiencia asignativa).

1.2. Competencia, monopolio y fallas de mercado

El libre funcionamiento de los mercados permite la asignación eficiente de bienes y servicios entre los miembros de una comunidad dado que los mercados competitivos incentivan la innovación de las empresas tanto en sus técnicas y procesos de producción, como en la creación de nuevos productos y por tanto, aumentan las opciones de los consumidores.

Sin embargo, una situación de competencia perfecta[1] en la que se logra una asignación óptima de recursos[2] está lejos de ser una realidad en los mercados; dado que, muchos son dominados por grupos pequeños de empresas e incluso constituyen monopolios (Viscusi, 1995).

Desde una concepción moderna del rol subsidiario del estado, la participación de éste en la economía solamente puede darse cuando la competencia no sea el camino más productivo. En aquellos sectores donde la competencia es fuerte tienden a ser más productivos dado que la presión de la competencia empuja a las empresas hacia el cambio y la innovación en búsqueda de mejoras en sus niveles de productividad.

Así, cuando la competencia no resulta en un buen sistema de incentivos que genere eficiencia asignativa, existirá la necesidad de aplicación de políticas regulatorias que ejerzan influencia en el comportamiento del sector privado (Pompilio, 2000). En esta situación, los beneficios potenciales (generalmente precios bajos y alta productividad) pueden no llegar a alcanzarse, el estado debe asumir un rol para facilitar la obtención de los beneficios potenciales para la sociedad.

A continuación se describen algunos conceptos que serán necesarios para el análisis posterior sobre competencia perfecta y monopolios.

1.1. Competencia perfecta

Al estudiar no sólo el modelo de competencia perfecta sino toda la variedad de estructuras de mercado, se supone que el objetivo fundamental de la empresa es maximizar sus beneficios, considerándose dichos beneficios como la diferencia entre el ingreso total y el costo total (Stiglitz, 1994).

Frank (1999) establece cuatro condiciones que definen la existencia de un mercado perfectamente competitivo: (i) Cuando las empresas venden un producto estandarizado; es decir, en un mercado donde los productos son sustitutos perfectos; (ii) Cuando las empresas son precio-aceptantes, lo que significa que la cantidad que produce una empresa no afecta el precio de mercado; (iii) Cuando los factores de producción son perfectamente móviles a largo plazo; y (iv) Cuando tanto las empresas como los consumidores tienen información perfecta.

Partiendo del supuesto de la maximización de beneficios, una empresa elegirá el nivel de producción en el cual la diferencia entre el ingreso total y el costo total sea la mayor posible.

Para maximizar el beneficio económico, siempre que el precio sea mayor que el mínimo del costo variable medio, la empresa debe producir la cantidad con la cual el ingreso marginal sea igual al costo marginal.

Estas dos reglas, (i) precio igual a costo marginal en el tramo ascendente de la curva de costo marginal, y (ii) precio superior al mínimo de la curva de costo variable medio, definen conjuntamente la curva de oferta de la empresa en el modelo de competencia perfecta.

La empresa competitiva deberá elegir, por lo tanto, el nivel de producción más rentable en respuesta a un precio determinado. Este precio procede de la intersección de las curvas de oferta y demanda del producto.

Una de las características más atractivas de los mercados competitivos es que son eficientes en la asignación de recursos, lo que representa que se explota todas las posibilidades de obtener ganancias mutuas derivadas del intercambio.

En economía se asume que cuando se realiza un intercambio de forma voluntaria entre las partes, ello trae consigo una mejora en el bienestar de todos los participantes (Stiglitz, 1994). El excedente del consumidor mide, en forma monetaria, el grado en que beneficia al consumidor la participación en una transacción determinada.

Al igual que en el caso del consumidor, existe una medida monetaria que indica cuanto mejora el bienestar de la empresa produciendo el nivel que maximiza el beneficio, que se denomina excedente del productor.

La diferencia entre el ingreso total y el costo variable total, es una medida de dicho excedente, es decir, la ganancia que obtiene el productor cuando produce Q unidades en lugar de cero. A corto plazo, por lo tanto, el excedente del productor es mayor que el beneficio económico ya que la empresa perdería más que dicho beneficio si se le impidiera participar en el mercado.

De esta forma, los beneficios totales derivados del intercambio en el mercado pueden medirse mediante la suma del excedente del consumidor y del excedente del productor, los cuales se obtienen sumando los excedentes individuales de cada uno de los participantes.

1.2. Fallas de mercado

Como se ha visto anteriormente, existen cuatro condiciones para que se dé una situación de competencia perfecta; (i) que las empresas vendan un producto estandarizado; (ii) que las empresas sean precio-aceptantes; (iii) que exista libre movilidad de los factores de producción a largo plazo; y por último, (iv) la existencia de información perfecta.

Cuando estas condiciones no se dan, se producen las llamadas fallas de mercado que producen una asignación ineficiente de recursos.

1.2.1. Monopolios

La diferencia clave entre el monopolista y el competidor perfecto es la manera en que el ingreso total, y por lo tanto el ingreso marginal, varían con la producción.

Si se considera el caso de un monopolio que tiene la curva de demanda de pendiente negativa. A diferencia de una empresa en competencia perfecta, el monopolista debe bajar el precio, para que aumenten sus ventas, pero no sólo el de la unidad marginal, sino el de todas las anteriores.

A medida que disminuye el precio, el ingreso aumenta conforme se incrementa la cantidad, alcanza un máximo y luego disminuye (el hecho de que la demanda tenga pendiente negativa implica que el ingreso total no es proporcional a la producción). La cantidad en la que la elasticidad precio de la demanda es unitaria, corresponde al punto medio de la curva de demanda y es en ese valor donde se maximiza el ingreso total.

Para el monopolio también se cumple la condición de que el nivel de producción que maximiza sus beneficios es aquel en el que el costo marginal es igual al ingreso marginal. En el caso del competidor perfecto, el ingreso marginal y el precio son iguales, mientras que para el monopolista, el ingreso marginal es siempre menor que el precio.

Así, el competidor perfecto maximiza su beneficio incrementando la producción hasta que el costo marginal sea igual al precio. El monopolista maximiza su rendimiento incrementando la producción hasta que el costo marginal es igual al ingreso marginal, y por lo tanto elige un nivel de producción más bajo que si estuviera en competencia perfecta, cobrando a su vez un precio mayor, generando un beneficio económico extraordinario, que a diferencia del modelo de competencia perfecta, suelen mantenerse muy estables a lo largo del tiempo, debido a la imposibilidad de entrada de nuevos competidores.

Como se ha mencionado en acápites anteriores, la competencia perfecta asigna eficientemente los recursos, ya que a largo plazo no es posible obtener ganancias adicionales del intercambio.

Las dos principales objeciones que pueden ponerse al monopolio natural que cobra un precio único son: (i) que obtiene beneficios económicos extraordinarios y (ii) que da lugar a una pérdida de excedente en el consumidor.

En aquellas industrias en las que la producción se caracteriza por economías de escala y costos hundidos significativos (Joskow y Noll 1999; Spiller y Levy 1993), “la estructura, el comportamiento y el desarrollo del mercado pueden alejarse significativamente del ideal de competencia perfecta” (Joskow y Noll 1999). Las industrias que cuentan con estas características evolucionarán hacia monopolios u oligopolios.

Se considera que existe una situación de monopolio natural cuando un bien o servicio es producido al más bajo costo por una sola firma en el mercado. Es decir, los costos de aumentar la producción (costos marginales y promedios) decrecen a medida que se incrementan los niveles de producción. Lo anterior se debe a la existencia de economías de escala y de alcance y a la relevancia que tienen los costos fijos en la producción total (Solanes, 1999).

Joseph Stiglitz (1994) señala que en un monopolio natural la demanda del mercado corta el costo medio en el segmento de pendiente negativa de la curva de costo medio. De esta forma, cualquier empresa que intente entrar en el mercado y producir una cantidad inferior tendrá unos costos medios mayores que los del monopolista natural. Cualquier empresa que intente entrar en el mercado y producir una cantidad mayor observará que no puede vender toda su producción a un precio que cubra sus costos medios.

La existencia de monopolios naturales ha sido calificada, tradicionalmente, como falla de mercado (Solanes, 1999; Stiglitz, 1998; Joskow y Noll, 1999). En la actualidad, muchos sectores que tradicionalmente habían sido considerados como monopolios naturales han dejado de serlo, principalmente, gracias a los avances tecnológicos, este ha sido el caso de las telecomunicaciones.

La intervención del estado en los sectores con características de monopolios naturales se justifica en la medida en que ésta se enfoque en evitar los posibles abusos de las empresas con posición de dominio en el mercado; es decir, ineficiencias en la asignación o evitar el ingreso de competidores que genere un ciclo de excesiva inversión (duplicación de inversión en activos fijos) y competencia destructiva es decir ineficiencia productiva.

Surge entonces la disyuntiva de aceptar ineficiencias productivas o ineficiencias en la asignación. De acuerdo a lo señalado, cuando se tiene un monopolio natural es más eficiente que una sola firma opere en el mercado. Dos o más firmas determinarían que el costo medio de la industria sea mayor que el costo medio de producir la misma cantidad en una única firma, lo que determinaría la existencia de ineficiencias productivas (Celani, 2002). Este es el argumento para la existencia de regulación a la entrada, regulación que permite que el proceso de inversión sea ordenado evitando un ciclo de excesiva inversión y competencia destructiva. Lógicamente, como consecuencia se tiene una única empresa operando en el mercado; por lo que, el surgimiento de ineficiencias en la asignación derivadas del poder obtenido por dicha empresa es muy probable. Es decir la solución de un problema de ineficiencia productiva puede crear un problema de ineficiencia en la asignación de recursos.

Las respuestas a esta disyuntiva son diversas, entre ellas (i) crear una empresa pública que, aún siendo monopólica, no tenga los incentivos para utilizar su poder en el mercado, (ii) concesión de la industria a una empresa privada, cuyas actividades sean controladas por un ente regulador; (iii) la generación de competencia a través de subastas de concesiones; y, (iv) la liberalización del sector.

De hecho, la primera acción que debe tomar el gobierno debe ser el cuestionamiento mismo de la naturaleza monopólica de la industria y si toda la industria cumple con las características de monopolio natural (Kahn, 1998). Ya que, como en el caso de la industria de las telecomunicaciones, los avances tecnológicos posibilitan el ingreso de nuevos retos competitivos en la industria como la competencia en ciertos nichos o incluso que los propios usuarios se provean su propio servicio (Joskow y Noll, 1999), dejando así de considerarse la idea de monopolio natural .

1.2.2. Existencia de bienes públicos

Existen algunos bienes que no son suministrados por el mercado o que incluso cuando sí lo son, la cantidad ofertada es insuficiente (Stiglitz 1988). Por lo general, los bienes públicos tienen dos propiedades específicas: (i) No rivalidad en el consumo, lo que significa que su uso por parte de una persona no reduce la cantidad de que disponen los demás. En la difusión de señales de televisión abierta, sin importar la cantidad de receptores que tengan sintonizado el canal, cualquier otra persona podrá sintonizarlo también sin que haya ninguna pérdida de calidad. En este caso, el aumento de la audiencia no implica un aumento de los costos de producción y la emisión de programas, lo que implica un costo marginal igual o cercano a cero; y (ii) Imposibilidad de exclusión, lo que significa que es imposible o prohibitivo impedir que los utilicen las personas que no pagan por ellos. Esto conlleva al problema de la aparición de “free-riders”, aquellos que disfrutan de los bienes o servicios y que buscan que otros hayan pagado por ellos.

Un ejemplo típico de un bien público puro es el de la defensa nacional. Si se logra la victoria defendiendo un territorio, todos los habitantes se verán beneficiados por ello (no exclusión); por otro lado, el costo de defender un territorio es el mismo que defenderlo con un habitante más o menos (no rivalidad).

Ambas características, la no rivalidad en el consumo y la imposibilidad de exclusión de terceros del disfrute del bien son las que definen a los bienes públicos (Stiglitz 1998).

Sin embargo, algunos bienes públicos no presentan tan claramente las características que se mencionan en la definición anterior; por ello estos son los llamados bienes públicos impuros. La educación es un claro ejemplo. En principio, el hecho de que asista un alumno más a las clases en una facultad no provoca que la cantidad de educación percibida por los demás disminuya por lo que no parece que haya rivalidad en el consumo, pero lo que es cierto para un sólo individuo no se cumple para un número más elevado; una universidad masificada y una salón de clase abarrotado de alumnos implican una disminución evidente de la calidad de la enseñanza. Otra característica de la educación es que, aunque toda la sociedad se beneficia de las mejoras en el sistema educativo y del aumento de la calificación de los profesionales del país, algunos individuos se benefician más que otros: los propios receptores de la educación, sus familiares, sus empleadores.

En conclusión, existen muchos bienes que cuentan con solo una las características de los bienes públicos, eso genera la existencia de bienes públicos impuros y la diferencia fundamental entre ellos será cuán fácil es lograr la exclusión.

Los mercados privados pueden no suministrar la cantidad óptima de bienes públicos puros. Si se dejara exclusivamente a la iniciativa privada la provisión de bienes públicos es muy probable que la cantidad ofertada resulte mucho menor a la que requiere la sociedad. Dado que no puede excluirse a las personas del disfrute del bien -aún cuando no haya pagado por el mismo- la iniciativa privada no podría recibir ingresos a cambio de la transacción y así compensar los costos asumidos en el proceso de producción del bien.

De esta forma se justifica la intervención del estado, ya sea a través de la producción directa del bien o mediante subsidios que faciliten el trabajo del sector privado en la provisión del bien.

Es claro que en el caso de los bienes públicos, no puede existir un mercado que regule su producción. La inexistencia de exclusión y rivalidad en el consumo antes señalados hace imposible la aplicación de un precio para determinar la cantidad óptima. De ahí que el estado, por lo general, sea el encargado de su provisión.

1.2.3. Existencia de asimetrías de información

El concepto de información asimétrica presume que al menos una de las partes posee más información y agrega una falla adicional al mercado. En un mercado monopólico, el monopolista es el que cuenta con mayor información y por ello es capaz de extraer una renta adicional asociada a esta asimetría de información con respecto a los consumidores.

Del mismo modo, existen asimetrías de información entre las empresas reguladas y los reguladores. El origen de la asimetría surge porque el regulador no conoce todas las características tecnológicas de la firma, ni el verdadero esfuerzo administrativo en ganar eficiencia productiva. La primera asimetría es un problema de selección adversa[3] que dentro de una relación de principal - agente, el regulador (principal) debe ofrecer un menú de contratos de acuerdo con la tipología de la firma (agente). La segunda asimetría es un problema de riesgo moral[4] en el cual el esfuerzo del agente no es observado por el principal. En este sentido, el regulador debe diseñar un contrato que incentive la eficiencia del agente por medio de una mejor gestión.

Ante la existencia de asimetrías de información que imposibilitan el desarrollo de mercados eficientes, la intervención del estado se justificaría en la medida en que se enfoque hacia la difusión de la información y por lo tanto, a la reducción de la incertidumbre acerca de los resultados de la toma de decisiones en los mercados (Stiglitz 1998). Un mercado eficiente requiere que la información esté disponible, de manera tal que el costo sea sólo el de transmitirla mas no el de buscarla.

1.2.4. Existencia de externalidades

Se llaman externalidades o efectos externos a las consecuencias que tiene un proceso productivo sobre los individuos o empresas ajenos a su industria. Es el caso, por ejemplo, de la explotación de los yacimientos mineros y la posibilidad de que la actividad de extracción genere perjuicios al medio ambiente afectando así, a terceros no involucrados en la actividad económica.

Existen varios tipos de externalidades, entre ellas: (i) Consumo-consumo: ocurre cuando los consumidores son tanto la fuente, como el receptor de la externalidad. Un ejemplo de este tipo de externalidades son las filas masivas de personas que compran boletos para conciertos, estableciendo el mecanismo de compra sobre la base del orden de llegada. (ii) Producción-producción: surge cuando los productores son tanto fuente, como receptores de la externalidad. Un caso clásico de una externalidad negativa de producción-producción es la llamada tragedia de los comunes, dónde los recursos compartidos son sobre explotados, (iii) Consumo-producción: surge cuando los consumidores son la fuente y los productores los receptores de la externalidad, y (iv) Producción-consumo: surge cuando los productores son los receptores y los consumidores la fuente de la externalidad.

Un tipo especial de externalidad consumo-consumo es la llamada externalidad de red.

1.3. La Economía de redes

Una red puede definirse como un conjunto de nodos interconectados entre sí por enlaces que permiten la interoperatividad de los mismos. Cada nodo o elemento de la red cumple una función específica, recibiendo insumos de los nodos precedentes y enviando a su vez productos a los nodos subsecuentes. Así, cada elemento de la red complementa a los otros.

Crampes (1997) menciona que una red, tomando la definición económica más sencilla, es un conjunto de nodos y enlaces organizados con el objetivo de transmitir flujos de energía, información o materia. Cada punto podría constituirse como punto inicial del flujo, como punto terminal receptor del flujo, o como punto intermediario encargado de recibir y retransmitir el flujo hacia otros nodos.

Los servicios que pueden ser provistos por una red dependerán tanto del origen y del destino del flujo contratado, como de la carga y de la cantidad de nodos y enlaces intermedios. En ese sentido lo que se contrata constituye un bien compuesto. Los consumidores de los servicios de una red demandarán bienes compuestos por dos o más componentes de la red. Por ejemplo, al hacer una llamada internacional desde un teléfono domiciliario se requerirá que varios componentes de la red interactúen de forma tal que se pueda proveer el servicio; diferente (aunque no absolutamente) será la lista de componentes que intervengan en la provisión del servicio, por ejemplo una llamada desde un teléfono domiciliario a un teléfono celular.

Básicamente pueden distinguirse dos tipos de red en función de la interacción de los nodos: (i) redes de un solo sentido y (ii) de doble sentido, la diferencia reside en que en las redes de doble sentido el número de bienes compuestos que pueden ofrecerse es mayor. Como ejemplo se ve el siguiente esquema de red:

En la 4.1 existen 3 nodos que cumplen una función ya sea como emisores como receptores (A, B y C) y un nodo que cumple una función especial de servir como enlace entre los otros tres (S).

Si la red se comporta como una red de un solo sentido, entonces podrán existir comunicaciones A-S y S-B o S-C para que se comunique el nodo A con los otros dos (es decir solamente existirían 2 bienes compuestos: A-S-B y A-S-C). Una comunicación B-S o C-S sería imposible.

Si la red, en cambio, fuera una red de ambos sentidos los tres nodos pudiesen originar comunicaciones hacia el nodo de conmutación (S), permitiéndose así que tanto A como B y C puedan generar n-1 comunicaciones (siendo n en número total de nodos originadores, en este caso n=3). El total de bienes compuestos que puede ofertar entonces esta red sería de 6.

Un ejemplo típico de redes de un solo sentido han sido tradicionalmente las redes de radiodifusión como la televisión en las que un emisor puede trasmitir información hacia los receptores, pero éstos no pueden comunicarse entre sí, ni tampoco con el emisor. Por otro lado, las redes de telefonía son netamente de dos sentidos pues al establecerse la comunicación ambos nodos pueden comportarse, ya sea como emisores de información, o como receptores.

Como se ha visto, lo que ofrecen las redes son bienes compuestos los cuales son producto de la interacción de un conjunto de nodos de la red. Para que lo anterior pueda funcionar es necesario tener en cuenta que un factor clave es la interoperatividad de los componentes de la red lo que implica necesariamente compatibilidad entre ellos, es decir, que trabajen bajo estándares comunes.

Del párrafo anterior se deduce la importancia que tienen los estándares en las economías de redes pues son estos los que permiten la interacción entre los elementos de red con un mínimo costo. Donde no existe un estándar aceptado existirá tecnología que no necesariamente sea compatible con todas las otras disponibles generándose así impedimentos para la interacción de todos los posibles componentes de una red.

De hecho, muchos productores de elementos de red tendrán la opción de adoptar o no estándares de la industria con la finalidad de excluir la posibilidad de que productos de la competencia puedan utilizarse en una misma red con los que ellos mismos producen, esta incompatibilidad generaría la aparición de diversas redes que no comparten información entre ellas o que, para hacerlo, se requiere de procesos de traducción o transformación previos que aumentan los costos de comunicación entre ellas.

Los elementos complementarios necesarios para la provisión de un bien no necesariamente deben ser propiedad de una sola empresa como se ve en el caso de una llamada telefónica de larga distancia donde intervendrían el portador local de telefonía y el portador de larga distancia, pudiendo ser empresas distintas. En los casos en que los elementos complementarios son propiedad de distintas empresas aspectos como la interconexión, compatibilidad, y calidad de servicio tienen una altísima importancia.

1.4. Características de los mercados de red

Los mercados de red cuentan con una serie de características que generan en ellos comportamientos específicos de la oferta y la demanda. Estas características tienen que ver con el tamaño mínimo de la red o masa crítica, el establecimiento y adopción de estándares, y la importancia de los mismos en las decisiones futuras de consumo.

1.4.1. Masa crítica y tamaño inicial de la red

Dado que la demanda por un bien compuesto que forma parte de una red está determinada tanto por el precio del bien como por la expectativa de que ese bien (o uno similar o complementario) sea adquirido también por otros consumidores, el problema de iniciar una red reside en el tamaño inicial que ésta deberá tener para poder generar expectativas en los consumidores. El problema es mayor aún cuando el valor del bien en forma aislada en nulo. Tómese en cuenta, por ejemplo, el primer equipo de video-conferencia en el mercado, o el primer teléfono celular en el mercado, que, sin la existencia de otros equipos con los cuales se podría establecer comunicaciones, el valor de los mismos como unidades independientes (stand-alone) es cercano a cero.

Para Economides y Himmelberg (1994) el concepto de masa crítica formaliza la “paradoja del huevo o la gallina” dado que muchos consumidores no estarían interesados en comprar el bien, es decir, formar parte de la red, mientras ésta es pequeña; y la red es pequeña porque hay un número muy limitado de consumidores interesados en participar.

1.4.2. Sendero de dependencia[5]

La existencia de un sendero de dependencia implica básicamente que la situación actual es consecuencia de algo ocurrido en el pasado. En el caso de las redes, como se ha visto anteriormente, el efecto de las decisiones de los consumidores iniciales de un producto influyen en las decisiones de los futuros consumidores dado que estos últimos deciden en función del tamaño de la red y las perspectivas de crecimiento. El caso del teclado qwerty introducido al mercado por la firma Remington es el más citado como ejemplo del sendero de dependencia. Este caso mostraría la preeminencia en el mercado de la distribución del teclado qwerty frente a otros como el teclado simplificado de Dvorak (DSK), no por ventajas técnicas sino por el hecho de haber sido el primero en ingresar al mercado y lograr que los consumidores se acostumbren a su uso con lo que el costo de cambiar de estándar y, por consiguiente, de re-entrenar al personal en el uso del nuevo teclado sería muy alto.

De esta forma, los consumidores que adquieran productos tecnológicos que luego son superados por otros sufrirán los costos de trasladarse a la nueva tecnología. Cuando los costos de cambio son muy altos podría generarse una inercia negativa para el desarrollo del mercado retrasando la adopción de las nuevas tecnologías (Economides y Himmelberg, 1994).

1.4.3. Externalidades de red

Se considera externalidades de red a los cambios en los beneficios de un agente económico obtenidos de un bien cuando se incrementa el número de consumidores del mismo bien o de un bien similar. El término fue inicialmente introducido por Katz y Shapiro en 1995. Economides (1996), por otro lado, indica que las externalidades positivas de consumo o externalidades de red, implican el hecho de que el valor de una unidad de un bien se incrementa con el número de unidades vendidas.

Las externalidades de red generalmente son relacionadas con las redes de servicios públicos como la red telefónica. Attenborough (1995) señala de que la “principal externalidad de la red se deriva de la circunstancia de que, a medida que aumenta el número de personas a las que puede accederse a través del teléfono, el servicio telefónico adquiere una mayor utilidad para aquellos que ya están conectados al mismo”.

Esta necesidad de conexión, implica necesariamente la adopción de un estándar o código, que posibilite la interacción entre los nodos. Es por esta razón que las externalidades de red se vinculan estrechamente con la adopción de estándares.

De esta forma, equipos o tecnologías que puedan interactuar entre sí directamente como faxes, módems, computadoras, etc. y también los productos complementarios que permiten ser intercambiados como por ejemplo los discos y unidades de almacenamiento y captura de información, el software, etc. ya que mientras más equipos existan en el mundo que puedan leer un disco (por ejemplo) mayor valor tendrán los discos de ese tipo para su propietario y el productor. Del mismo modo, mientras más usuarios de discos existan en el mundo mayor valor tendrá cada lectora dado que estará en capacidad de recibir información en unidades compatibles al formato que utiliza.

Cuando un nuevo usuario en una red evalúa la conveniencia de ingresar, evalúa tanto el tamaño de la red a la que está ingresando como las perspectivas de crecimiento de la misma dado que la utilidad obtenida por el consumidor depende del número de consumidores que compren el mismo producto (Yi-nung, 1997). Existe entonces, una expectativa de que la red a la que uno se está uniendo termine constituyéndose en la red estándar del mercado, pues es en ese momento cuando se maximiza el valor de la membrecía en la misma.

De hecho, si los consumidores tuvieran la posibilidad de coordinar la decisión de pertenecer o no a una red (una única red) y estuvieran en la capacidad de tomar una decisión de consenso, se lograrían, del mismo modo, los máximos beneficios. Sin embargo esto es muy difícil de lograr pues los costos de dicha coordinación serían incalculables.

No obstante, la coordinación entre los productores para adoptar estándares y así incrementar el valor de sus productos gracias a la compatibilidad sí es posible y constituye una práctica común en la actualidad.

Por otro lado, como se ha visto anteriormente, la clave para la existencia de externalidades de red es la complementariedad entre un elemento de red y otro. Y para ello la compatibilidad de los componentes debería permitir que el costo de combinarlos sea cercano a cero.

De no existir compatibilidad, los costos de migración entre redes generarían ineficiencias en el mercado creando barreras que buscarían impedir que los consumidores se trasladen hacia estándares que cuentan con la potencialidad de generarles mayores beneficios.

Estos cuatro aspectos, (i) la expectativa de crecimiento de la red, (ii) la posibilidad de coordinación, (iii) la compatibilidad y, (iv) los costos de cambiar de estándar, constituyen las fuentes principales de las externalidades de red. (Yi-nung, 1997)

La literatura ha identificado dos tipos de externalidades de red: (i) directas, aquellas generadas a través de un efecto directo del número de compradores sobre el valor del producto; e (ii) indirectas, aquellas generadas por el mercado como el caso de los productos complementarios.

Aquí hablar de las externalidades de red relativas a la convergencia entre medios y telecomm

1.5. Conclusiones

Al momento de evaluar las características relevantes de un mercado basado en redes es muy importante tener en cuenta el impacto que tienen las externalidades positivas de red en la capacidad de crecimiento de las redes para alcanzar niveles de eficiencia.

A pesar de su influencia en las expectativas, el monopolista construye una red que es más pequeña y más ineficiente que en competencia perfecta visto desde la perspectiva del beneficio social. La existencia de externalidades de red por lo tanto no podría ser alegada como la causa o la razón para la existencia de una estructura monopólica

En una situación de competencia, la posibilidad de compatibilizar redes y facilitar el intercambio entre ellas dinamiza enormemente la capacidad de las mismas para llegar a un punto de masa crítica, es por ello que la regulación relativa a la interconexión de redes constituye un factor de mucha importancia para, por un lado, incentivar el crecimiento de redes interconectadas y por otro evitar el desarrollo de estándares y redes paralelas que generen ineficiencias productivas. La interconexión de redes hace posible en el mercado de telecomunicaciones que las redes de las diferentes empresas funcionen como una sola red integrada de servicios, de manera tal que se maximice los beneficios de los consumidores y que al mismo tiempo se logre mayor eficiencia, al llegar a un nivel de masa crítica.

Aquí señalar la importancia de las redes abiertas

[1] Se define un mercado de competencia perfecta como aquel en el que existe muchos compradores y muchos vendedores, de forma que ningún comprador o vendedor individual ejerce influencia decisiva sobre el precio.

[2] Expresado en el sentido de Wilfredo Pareto (1848-1923), significa que los recursos se asignan eficientemente cuando no es posible mejorar el bienestar de ninguna persona sin empeorar el de alguna otra, es decir, en una situación eficiente, no hay despilfarro de recursos (Stiglitz, 1988).

[3] La selección adversa ocurre cuando en una relación entre principal y agente, el primero puede observar el resultado del segundo ex-post pero desconoce, ex-ante su comportamiento por lo que lo definirá por su comportamiento esperado (Stiglitz, 1981).

[4] El riesgo moral aparece cuando, en el establecimiento de una relación contractual entre partes, un estado de la naturaleza no es relevado a una de ellas, por lo que no le es posible formular previamente condiciones al respecto (Stiglitz, 1981).

[5] Traducción del término “path dependence” utilizada por Miguel Salvador Serna (2001).

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